Luego de la sorpresiva muerte del anciano sacerdote Jarjatoles, era lógico suponer que el padre Pablo y la comunidad de Villa Orión recibirían otro cura. Uno solo no alcanza para atender la extensa geografía que dependía de la parroquia de la villa, agravado por el hecho de que los pueblitos y villorrios a atender eran densamente poblados, gracias a los emprendimientos de los últimos tiempos.
Así las cosas, a medida que en los fieles mas cercanos iba cicatrizando la pena por la repentina partida del “Jarja”, como cariñosamente se lo conocía, expectativas de diferente tipo encallaban en el pecho de todos.
El padre Pablo, por ejemplo, en sus oraciones pedía que le mandaran un curita nuevo, que en sus manos fuera un santo pelele, un sacrificado títere que lo ayudara a quedarse un muy largo tiempo en Villa Orión, una rica veta de oro que parecía que siempre lo había esperado a él.
Algunas mujeres, ávidas coleccionistas desde jovenzuelas de experiencias inéditas, esperaban un cura joven y fuerte, no demasiado fanático de su voto de castidad.
Otras mujeres, las menos, esperaban un cura serio, que lograra restablecer en Villa Orión el temor a Dios, que fuera un propulsor de los viejos valores cristianos y católicos, tan venido a menos desde hacía un buena punta de años. Para muestra de ello las misas, magras reuniones de escasas dos docenas de creyentes, que parecían ponerse de acuerdo para que en todas las celebraciones siempre hubieran unos quince de ellos.
Y también estaban cuatro personas principales, caras mas o menos visibles de la parroquia, que esperaban con sosegada impaciencia la llegada del nuevo cura: la sacristana, la cocinera, la secretaria, y el encargado de la contabilidad de la parroquia. Y tenían como ya está dicho una impaciencia sosegada, tranquila, pues contaban con la amistad del señor obispo y demás jerarcas de la diócesis. Pero… viendo en retrospectiva los sucesos posteriores, es dable pensar si solo era amistad. ¿La palabra “complicidad” no sería mas adecuada?.
Veremos dijo un ciego. Nosotros sigamos con este relato, hijo bastardo de la imaginación y las dudas, confiados en que finalmente tal interrogante despose su respuesta.
Hasta el próximo post.
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